Rascacielos en Nueva York: La evolución en la seguridad de los andamios

La revolución urbanística de los rascacielos en Nueva York durante los Happy Twenties y la década de los terribles treinta, no solo fueron toda una monumental apología al cambio y la creación arquitectónica, sino una masacre de la mano de obra de la construcción. Se contrató a miles de trabajadores con el fin de poder llevar a cabo la construcción de cada uno de los proyectos diseñados y se adquirió cantidades que superaban todo pronóstico de materiales para ser utilizados.

No es de extrañar la cantidad de defunciones por siniestros laborales que hubo teniendo en cuenta que los métodos de protección que había en relación al trabajo en aquellas dos décadas no podían ni siquiera recibir el apelativo de insuficientes: Las medidas de seguridad eran infrahumanas. No era necesario saber de estadística para comprobar que cada edificio se cobraba varias vidas por metro de altura que se alzaba. Por cada millón de dólares que se quemaba de presupuesto podían perderse tres vidas, y, ni entonces, ni ahora, ni nunca, la vida de un ser humano ha podido contabilizarse en dinero o ambiciones. Por eso resultaba tan indignante, que ante estos casos inaceptables, se asumieran las muertes como un coste natural del avance tecnológico durante el proceso.

Por suerte, Joseph Baermann Strauss, ingeniero jefe del conocidísimo puente Golden Gate en la bahía de San Francisco, decidió invertir una parte de su presupuesto (treinta y cinco millones de dólares), en mejorar los equipos y las normas de seguridad. Si tenemos en cuenta los presupuestos de otras obras, habría que ver cuantas vidas se hubieran evitado supervisando los procedimientos de seguridad para cada uno de los trabajadores que se podían remitirse a cosas tan de sentido común como el no ingerir bebidas alcohólicas en el trabajo o el despido automático ante comportamientos de cáliz suicida sobre los andamios. Algo tan sencillo como la instalación de una red anti caída por primera vez salvó la vida a 19 trabajadores durante las obras y fue patentada para su comercialización en otros proyectos.

Gracias a este visionario, hoy en día se han podido investigar otros métodos de protección, hasta conseguir los sistemas de seguridad que utilizamos actualmente.

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