La definición objetiva del andamio es: “Armazon compuesto por tablas o vigas para colocarse encima de ellos y poder trabajar a mayor altura”. Desde las pirámides de Egipto hasta las monumentales catedrales de toda Europa, se ha tenido que derivar a métodos que permitan alcanzar alturas que, con otros métodos tales como la escalera de mano o las cuerdas de suspensión, no permitían una facilidad de maniobra y rentabilidad suficiente.
Ya en la actualidad, arrastrando con toda la historia de la construcción humana, varios tipos de sectores de trabajo han de recurrir con frecuencia a llevar a cabo trabajos en las alturas. Este tipo de inconveniente ha tenido que desembocar, inevitablemente, en la mejora y complicación de los sistemas de plataformas, para poder evitar un consecuente mayor riesgo de siniestralidad laboral por los peligros que comporta el trabajo en tales condiciones.
Los andamios han sido diseñados, al fin y al cabo, como elementos o estructuras que que, sino específicos, han sido máximamente utilizados para la construcción y reparación o rehabilitación de edificios. Estas estructuras son prefabricadas y también pueden llamarse o entenderse por pasarelas o plataformas que se mantienen sobre barandas de acero o madera.
La elección del material utilizado para su contrucción dependerá del peso del andamio y de la altura que el mismo deba alcanzar, todo ello adecuado a las características para la construcción determinada. Aquellos que suelen pasar más tiempo sobre los andamios son obreros, pintores o rehabilitadores.
Ya que no solo podemos confinar la utilización de esta invención a la construcción, sino también a la restauración de techos u obras de arte. La estabilidad y resistencia del andamio también juega un papel indispensable a la hora de utilizarse para poder descansar materiales o herramientas.